
El concepto de transposición didáctica fue introducido por Y. Chevallard [1] para el estudio y análisis de la interrelación entre la matemática profesional y la matemática educativa. Utilizando este concepto J. B. Lagrange [2] destaca diferentes inconvenientes en la transposición de los nuevos métodos y filosofía de la matemática profesional a la enseñanza y aprendizaje de las matemáticas. Una de las razones que alude, radica en las diferencias sustanciales que existen entre los matemáticos profesionales y los matemáticos educadores. Los primeros en su actividad generan nuevos conocimientos, mientras que los segundos se dedican a estudiarlos y a enseñarlos. Los matemáticos profesionales deben ser productivos y eficientes en dar una estructura adecuada a su dominio de estudio para que surjan nuevos conceptos y buenas preguntas, por lo que la adopción de nuevas técnicas y herramientas transcurre de manera rápida y efectiva. Los matemáticos educadores en cambio, pertenecen a instituciones didácticas con paradigmas establecidos y presentan dificultades en adaptarse a las nuevas tecnologías. Estas instituciones fueron creadas cuando solo se tenían técnicas y herramientas tradicionales, por tanto es de esperar una resistencia a la reorganización y al cambio. Es natural pensar que para que estas instituciones sobrevivan en la sociedad contemporánea donde las tecnologías computacionales y de la información tienen un rol importante, deberán integrar las potencialidades de las nuevas herramientas y la actividad matemática generada por las nuevas tendencias de la investigación matemática. Una de estas nuevas tendencias lo constituye la así denominada matemática experimental [3], que esencialmente reconoce el valor de la exploración experimental de conjeturas, la adopción de procedimientos informales y el estudio cuidadoso de los resultados de la experimentación para validar las conjeturas hechas y para la búsqueda de posibles vías de demostraciones formales. En esta aproximación el empleo inteligente de herramientas computacionales con valor práctico y epistemológico es fundamental. En educación matemática el reconocimiento del valor de la experimentación y el empleo inteligente de tecnología es algo que muy pocos educadores a estas alturas ponen en tela de juicio. Sin embargo, a pesar de este reconocimiento, la implementación de métodos experimentales con tecnología en la enseñanza de las matemáticas transcurre de manera lenta y no ajena a retos importantes. Surgen numerosas preguntas tales como: ¿Qué impacto producen las nuevas tecnologías en los aspectos cognoscitivos y en las habilidades del estudiante para resolver problemas de matemática?, ¿Cómo implementar tecnología para que la educación matemática se realice sobre la base de procesos eficaces de pensamiento, que no dependan de los cambios vertiginosos asociados con las herramientas y las técnicas computacionales?, ¿Qué modificaciones deben hacerse en los programas de estudio?, ¿Cuáles habilidades debemos desarrollar en el estudiante y cuáles podemos reemplazar por el uso de la máquina?, ¿Cómo se modifica la relación entre el pensamiento intuitivo y analítico cuándo se emplea la tecnología en la enseñanza de la matemática?, etc. [1] Y. Chevallard, La transposition didactique. Grenoble. La Pensée Sauvage editions, page 14, (1985). [2] Jean-Baptiste Lagrange, The didactical challenge of symbolic calculators. Edited by Dominique Guin, Kenneth Ruthven, Loc Trouche, Mathematics Education Library, Springer, Chap. 3, page 67. [3]J. Borwein, D. Bailey. Mathematics by Experiment: Plausible Reasoning in the 21st Century, A. K. Peters, Natick, Massachucetts (2004). |
| 1 |
| texto1 |